Calificación energética y Cédula de habitabilidad

El Real Decreto 235/2013 indica que la certificación energética debe figurar en toda la oferta, promoción y publicidad dirigida a la venta o alquiler de una vivienda en el mismo momento que sale al mercado. El propietario es el responsable de que dicha certificación sea mostrada en todos los anuncios del inmueble. De no ser así, tanto propietarios como agentes nos exponemos a una sanción.

Nosotros, como agentes inmobiliarios registrados, estamos en la obligación de asesorarle y pedirle que realice la certificación energética, si no dispone aún de ella. La mayor parte de los propietarios se esperan a tener un inquilino “en firme” para realizarla, aunque la legislación es clara.

La calificación energética mide el grado de eficiencia de la vivienda y permite compararla con otras, dando un valor de la A a la G. La más eficiente es la A, y la menos la G. Además, mide las emisiones de CO2 al medio ambiente. La certificación energética tiene un periodo de validez de diez años. Las viviendas, locales comerciales y oficinas están obligadas a poseerla.

En general, ni propietarios ni inquilinos suelen dar importancia a la etiqueta energética de un edificio, pero es de destacar, que adjunto con la etiqueta suele venir escrito un informe con las recomendaciones para subir el nivel de eficiencia del inmueble. De esta manera, con una pequeña inversión podemos ahorrar mucho dinero a lo largo de los años. Hacer nuestra vivienda más eficiente es, sin duda, una de las mejores inversiones que podemos realizar.

Según TINSACERTIFY más del 40% de las viviendas en España no superan la letra G, y solamente un 5% de las casas logran la letra A, B, C o D. Estos estudios nos dan una clara idea de las condiciones energéticas en que se encuentran nuestros hogares.

No es simplemente un nuevo impuesto, es una necesidad de aumentar la eficiencia energética y reducir el coste que supone mantener la casa a temperatura óptima. Según TINSACERTIFY, alimentar energéticamente una casa con un valor de letra G cuesta 2.500 euros al año, mientras que una vivienda con valor de letra A costaría 200. Este cálculo se ha hecho en base a un piso de 100 m2. Con una antigüedad de 50 años y en una gran ciudad. En caso de ser un valor de letra E el coste sería de 1200 euros al año.

Podemos gestionarle la tramitación de la cédula de habitabilidad y el certificado energético con nuestros  arquitectos de confianza. 

Estos dos documentos son imprescindibles para alquilar o vender su propiedad.


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